
Las cicatrices han vuelto a surgir de su destierro, recorren cuerpo y alma como un fuego que va consumiéndolo todo a su paso, corroen mis sueños, esos sueños que algún día construimos juntos y que hoy se destruyen con cada palabra, con cada mirada y cada gesto, esos sueños que no pude salvar de este fuego. Tus palabras se van clavando lenta y dolorosamente dentro de mi como un puñal que piensa acabar con todo, pero conserva la agonía de cada segundo; me quedo estática, no tengo las fuerzas para rogarte que destroces mi alma por completo y no alargues más esta tortura. Mis lágrimas no parecen persuadirte y su cristal va rasgando los últimos anhelos y esperanzas, las palabras se quedan enredadas entre mis labios y el dolor comienza a penetrar por mis venas nuevamente, ya es muy tarde para cambiar el rumbo de las cosas, fue tu decisión acabar con todo así.
Cubro mi rostro con una máscara de hierro para que no veas las marcas que ha dejado cada lágrima en mí, su frío congela aquel fuego que me destruyó y mi mente se colma de contradicciones, tu en cambio pareces haber olvidado cada instante de aquella historia que construimos y mientras la vida pasa a nuestro alrededor, te vas con ella. Mi mundo se detiene y las emociones se van desgarrando pausadamente, estoy perdida entre mi razón y la tuya intentando escapar hacia algún lugar, que aún no logro descubrir.
No debí esperar que hicieras algo por mí, solo podría haberte dejado ir, pero en ocasiones las emociones nos traicionan y el destino nos hace dar una mala jugada. Ahora busco un lugar donde dejar mi cuerpo inerte y descansar del delirio, para olvidar el triste recuerdo de dos extraños..